martes, 17 de junio de 2014

FRANCISCO GOURIÉ (Calle)


Antes GENERAL FRANCO, FRANCISCO GOURIÉ y REAL.


Está documentado ampliamente que el trazado de esta calle ocupa lo que fue el antiguo CAMINO REAL que unía el lugar de Abajo con el lugar de Arriba por el Camino del Cerrillo. Al Norte quedaban las propiedades del Mayorazgo de Pedro Cerón, al Sur la hacienda El Mirón de los Mujica, y en la divisoria entre ambas el CAMINO REAL junto a la primitiva Acequia Real.

Se trataba de un camino estrecho hasta que el Ayuntamiento alcanzó un acuerdo el 6 de mayo de 1866 con Alfonso Gourié Álvarez-Conde para la cesión de terrenos que facilitara la alineación y ensanchamiento del viejo camino (ZAMORA SÁNCHEZ, J.: La Obra del Cronista, compilación de Juan Zamora Maldonado, Las Palmas de GC, 2003, p. 268).

En 1875 se inicia el crecimiento del entramado urbano de la entonces Villa hacia poniente con la construcción de las nuevas Casas Consistoriales y el Mercado Municipal y quince años después ya comienzan a transitar por la polvorienta carretera de Las Palmas-Arucas dieciséis charabanes que trasladaban a los viajeros.

La compra-venta de solares de la finca de El Mirón irá definiendo la alineación sur de esta CALLE REAL, que tendrá su impulso definitivo cuando el 24 de febrero de 1907 la Heredad de Aguas acuerda comprar un solar para la construcción de su sede junto al inicio del Camino de El Cerrillo, cuya escritura será firmada el 26 de mayo de 1908 (ROSALES QUEVEDO, T.: Historia de la Heredad de Aguas de Arucas y Firgas, Las Palmas de GC, 1977, p. 59), algo más de dos meses después de haberse puesto la primera piedra del nuevo templo de la Iglesia de San Juan.

Las construcciones en esta calle, edificios de planta alta, fueron realizadas entre 1905 y 1920 y todas mirando al jardín que fue de la familia Gourié, hoy Parque Municipal. Entre las edificaciones destaca la conocida como Casa de Blas Rosales Artiles en el número 7 de gobierno, uno de los más bellos y suntuosos edificios del casco histórico, tanto en su fachada exterior como en su interior con una gran escalera central. También destaca el edificio conocido como Casino de Arucas, el número 11, del que se mantiene su fachada y que el ayuntamiento quería destinar a Escuela de Hostelería, pero su obra de rehabilitación está parada por la quiebra del constructor. Los restantes edificios son todos de hermosa factura arquitectónica.

Cuando el párroco Francisco Cárdenes empezó a impulsar la construcción del nuevo templo parroquial en 1908, tenía muy claro a quién acudir. La iniciativa para el párroco tiene más de deseo personal que de necesidad colectiva o, al menos, sentida seriamente por el pueblo. La senda la había marcado el párroco Jose Antonio Rivero cuando en 1862 consiguió que Alfonso Gourié Álvarez-Vidal pagara el pavimento del bautisterio de la antigua ermita, y cuando en el devenir del pilar público de la calle de San Pedro, habló de donar dinero para la reedificación del templo, y el mecenas elegido sería su hijo Francisco Gourié Marrero. Y así, cuando se coloca la primera piedra del nuevo templo parroquial, es el gran protagonista.

El párroco Cárdenes nunca ocultó sus preferencias en la elección del mecenas, ni los boatos y adulaciones a Gourié, pues la obra que iba a emprenderse precisaba de mucho músculo financiero, más aún cuando el diseño del arquitecto catalán Vega March era un capricho del gótico tardío, especialmente florido o flamígero por su exceso decorativo con elementos vegetales tallados en la piedra, para cuya construcción se precisaba lo que se tenía y lo que no se tenía.

Era una obra de larga duración, de muchos años, y tenía que animarse periódicamente al mecenas para que no decayera en su empeño. Así erigiéndose el Ayuntamiento en representante del pueblo, en el pleno del 25 de agosto de 1911 se presenta una moción al pleno «por ser tan notorios y constar a todos, los muchos beneficios que a este ilustre patricio debe esta población, tanto en el orden moral como en el material» y acuerda por unanimidad nombrar «Hijo Adoptivo de la Ciudad de Arucas a D. Francisco Gourié y Marrero» (JESÚS Y VELEZ-QUESADA, P.P.: Arucas, hombres y hechos, Las Palmas de GC, 1984, p. 55).

Pasan los años y las obras del templo siguen adelante y Francisco Gourié no se limitaba exclusivamente al papel de mecenas de poner los dineros. Se volcaba personalmente en el seguimiento de la obra y además en la captación de otros donantes entre la clase aristocrática de la isla, comprometiendo además a la burguesía terrateniente aruquense. Su posición en la capital insular le ayudaba: 

«Político de acción siempre al lado de León y Castillo, al fallecer éste reconoció la Jefatura de D. Agustín Bravo y luego la de don José Mesa y López. Concejal de Las Palmas y Consejero del Cabildo Insular permanece en esta última Corporación hasta el advenimiento de la Dictadura,...» (NAVARRO RUIZ, C.: Nomenclator de Calles y Plazas de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 1943, p. 48).

Por fin el templo inacabado, sin sus torres, se abriría al culto el 17 de mayo de 1917, y ya se sabía que lo que quedaba por hacer era mucho más. Hacía falta otra buena dosis de ánimos para que el mecenas se mantuviera en su firme apoyo. Un mes antes de tan solemne celebración, en el pleno del Ayuntamiento del 13 de abril, se da lectura a un escrito firmado por ciento cuarenta y un vecinos que tras afirmar «que cediendo a un impulso expontáneo de reconocimiento hacia el hombre bueno y generoso, caritativo y altruista que se llama D. Francisco Gourié y Marrero, el cual jamás ha omitido sacrificio alguno cuando del bien y de la prosperidad y engrandecimiento de esta población se ha tratado» elevando la siguiente propuesta que es aprobada por el pleno: «se dé el nombre de Francisco Gourié a la calle comprendida entre la esquina norte de la Plaza del Mercado y la cantonera de la Heredad de aguas de Arucas y Firgas» (Obra tercera citada, p. 56).

Y fue así como la calle quedó nominada FRANCISCO GOURIÉ, además de tomar en consideración el mismo pleno otra proposición de que en su día se diera su nombre al parque o plaza que se proyectaba construir, el actual Parque de La Paz.

Pero la obra del templo no había concluido, y de nuevo habia que seguir adulando al mecenas que expresaba continuamente «su eterna gratitud» y el municipio seguía poniendo todo su empeño e insistensia ante el Gobierno de Su Majestad hasta que en 1925 se le concedió a Francisco Gourié Marrero la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica, éxito que el Ayuntamiento hizo suyo congratulándose y entregándole con fecha 4 de octubre de dicho año un pergamino con regocijo «por su perseverante y fructífera labor en pro de los intereses morales y materiales de la Ciudad» (Obra citada, p. 57).

En 1931 ya estaba terminado el nuevo templo con tres torres y pendiente de edificar la torre mayor o campanario que se edificaría muchos años más tarde. El 17 de marzo de  ese mismo año moría Francisco Gourié Marrero, y con su óbito terminaba la continua y sistemática adulación del párroco y de la corporación municipal, pues con él satisfacían su ego para obtener su inestimable apoyo en la construcción del nuevo templo.

Tras el golpe militar que iniciaría la dictadura franquista, la sesión apresurada que celebra la Comisión Gestora Municipal el 2 de octubre de 1936, a cinco años de fallecido el mecenas del nuevo templo parroquial, toma el sorprendente acuerdo de quitar su nombre a esta calle y nominarla GENERAL FRANCO, y al mismo tiempo acuerda formalmente nominar Francisco Gourié al todavía no construido Parque de La Paz, que entonces se había rotulado en tiempos de la Segunda República como Parque de Marcelino Domingo según se cuenta en su entrada a este Blog. Habían interpretado precipitadamente y a su manera los compromisos históricos que la ciudad tenía contraídos.

A pesar de los difíciles momentos que se vivían en esos tiempos, tal sorpresivo acuerdo debió generar mucha crítica y algunos ciudadanos entonces influyentes debieron advertir a la Comisión Gestora que se habían columpiado totalmente. A resultas de ello, el día de Navidad del 25 de diciembre del mismo año 1936, la repetida Comisión Gestora  se corrige a sí mismo y toma el acuerdo de nominar nuevamente a esta calle FRANCISCO GOURIÉ, en sustitución de General Franco, y paralelamente al entonces Parque Francisco Gourié nominarlo Parque General Franco.

Probablemente enmendar el error cometido no fue fácil, pues por los Gobernadores Civil y Militar podría hacerse la lectura de un acuerdo bastante contrario el nuevo régimen impuesto, dado que podría entenderse como quitarle el nombre del General Franco a una calle de Arucas. De alguna manera se vieron obligados a olvidarse por completo de aquel compromiso adquirido en 1917 de nominar el parque como Francisco Gourié.




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Fuente: "Calles con historia como Penny Lane", Parte Tercera de mi libro Silencios rotos. El desflorillado de la historia aruquense, ed. digital 2012 - MDC Silencios rotos : el desflorillado de la historia aruquense

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